divendres, 12 de setembre del 2014

Mugaritz: Jueguen a comer o coman jugando.

Que bien nos lo pasamos en Mugaritz. Fue toda una experiencia, mitad juego, mitad comida, un no parar de sensaciones distintas, algunas buenas y otras geniales, pero todas rozando la excelencia. Para quienes no conozcan el restaurante, muchos dicen que Mugaritz es la nueva meca de la cocina creativa desde el cierre del Bulli (salvando las distancias con DiverXO que aún no lo conocemos). A a parte de eso, Mugaritz se distingue por sus dos estrellas Michelín y su posición Top10 en la lista "The 50 Best Restaurants", una de las muchas perlas gastronómicas de Guipúzcoa.

Andoni Luis Aduriz ofrece a sus comensales un menú único, inimitable y personalizado, tratando de llegar a la persona y de crear esa sensación de exclusividad. Diariamente se elabora un menú distinto y el comensal no sabe lo que va a comer, por este motivo decimos que es único e inimitable. Nos encantó la idea, igual que todo el menú. 20 platos, en 4 horas de estancia en el precioso restaurante. El trato al cliente es impresionante, sabiéndose adaptar a todos, son capaces de echarse unas risas con una mesa con jóvenes y tratar como reyes a los más veteranos. Pero el detallazo es la entrada en la cocina donde nos recibió Vicenç Sagarra, ayudante de Aduriz y nos tuvo 10 minutitos contándonos la filosofía y misión del restaurante y contándonos como funcionaba el servicio. Solo podemos agradecerles el detalle, ya que no nos lo habían hecho nunca.   En definitiva, podemos afirmar que es uno de los restaurantes más especiales a los que hemos estado nunca y lo recomendamos intensamente.

En Mugaritz todo es un juego, a veces de sabores, a veces de experiencias y alguna vez de forma literal. ya de por sí, su nombre Mugaritz ya es un juego de palabras: “Muga” en Vasco significa “límite” “frontera”, en referencia a que el restaurante se encuentra entre las localidades de Errenteria y Astiagarraga; y “Aritz” que en Vasco significa “Roble”, y es que tienen uno enorme en medio de su jardín. Y con esto, vayamos al menú.

Empezamos con los primeros platos previo aviso de que comeríamos con las manos, como niños o animales. Rábanos embarrados con salsa de tomate de sabor muy fresco, láminas de trufa de verano con aliño de ajo y boletus, lámina de apionabo hervido con una crema de ave y una flor de cebollino en tempura.





Después de estos 4 entrantes, una tostada rústica con panceta que estaba espectacular y a la cual no encontrabas para nada la textura de la panceta, y un consomé de hoja santa (hierva procedente de Méjico) con helado de melón. Después de estos, turrón fermentado de avellanas: salado y con aroma a pimienta y a avellana, y el último de estos entrantes que se comía con las manos: crema de piñones y malta. Qué como comímos la crema si no teníamos cubiertos? Nos pidieron que cogiéramos esta especie de flor verde que había decorando la mesa y la untáramos. La flor verde era teff, un cereal procedente de Etiopía. Muy curiosos estos 8 primeros entrantes manuales.






A continuación nos sirvieron una espuma con sabor y trozos de anguila y flores. Las flores le daban un toque dulce que estaba potenciado por el el dulce del tenedor. Hecho de azúcar y comestible, el tenedor potenciaba aún más lo exótico y bizarro del plato.



Seguímos con otro plato especial. El servicio nos comentó que ibámos a jugarnos el siguiente plato a los chinos, y que el ganador tendría premio. Nos repartieron una bolsa con 3 huesitos dentro, uno para cada uno, y quién acertara el número de huesos que había en total encima de la mesa, pondría caviar encima del pan de vidrio con espuma láctea. Como observaréis, en este caso, nosotros no ganamos.




El txangurro no podía faltar. Praliné de cacahuete con txangurro y esencia de calabaza. Mezcla extraña, pero deliciosa. El txangurro, o buey de mar, es un fruto del mar delicioso; en sí es seco, por eso siempre es mejor mezclarlo con cremas o mayonesa. En este caso, con el praliné de cacahuetes y la calabaza estaba de muerte.


Nos tocaba currar, otro juego. Nos trajeron un mortero relleno de maíz, pimienta sin moler y un poco de panceta, y venga, a picar! Cuando ya teníamos aquello bien picadito nos trajeron unas gelatinas de flores, y a picar y dar vueltas un poquito más, hasta conseguir una pasta uniforme. A partir de allí, a mojar pan. Delicioso.





A continuación ya íbamos a por los pescados y carnes. Empezamos con un besugo con hierbas del litoral. Una crema al pilpil acompañaba el pescado junto con unos crujientes de cebolla y unos mini espárragos trigueros. Suave y fresco, no podía ser menos. Tocaba una carne, y os parecerá extraño, pero un tomate “cor de bou” con salsa de callos fue nuestra primera “carne” del menú. Intenso a la vez que ligero. Estábamos temblando del temor de encontrarnos el típico platazo de callos, pero con la sospecha de que volverían a sorprendernos.



Esto no se acababa nunca, nos quedaban aún 3 platos fuertes. Crema catalana de pollo y langosta. Una mezcla de pollo y langosta mezclados con una crema intensa de pollo con textura a crema catalana dentro de un vaso de cerámica. Pura reproducción de la crema catalana. Lo que mas nos impresionó fue el tostado que imitaba la parte de azúcar quemado de la crema catalana. Este consistía en una crosta de la piel de pollo. Estaba espectacular.




Quedaban dos, la tostada con crema con bacalao con aroma a café, que era muy ligera a diferencia de lo que de entrada podía parecer y la chuleta con queso azul. Pero donde estaba el queso azul? No estaba físicamente, pero sí estaba presente. El truco estaba en que la carne, previopaso a ser cocida, había estado curada en queso azul, dando un aroma a queso suave y delicioso.



 Nos quedaban los postres por delante, en general la comida nos había sorprendido mucho, muchísimo, y las expectativas para los postres eran considerables. Empezamos con la Stracciatella. Todos la conocemos en forma de helado, pero en este caso nos la tomamos en forma de bizcocho. Pesado y empalagoso, pero sorpendente. En el segundo postre jugaron con el nitrógeno, congelando un agua de hierba Luisa que contenia un buen pedazo de melocotón dentro. Muy buen sabor, pero difícil de comer.



Como se puede observar, ya hemos puesto un par de pegas a los postres. Y ahora va la más grande. Algo que consideramos un error. El tercer postre fueron higos asados con una conserva marina. Conserva marina, sí, erizo. En el interior del higo cocido, que estaba muy bueno porque conservaba la dulzura, nos encontramos erizo de mar. Desde nuestro punto de vista, difícil combinación, y consideramos que era más un aperitivo que un postre.



Faltaban, dos buenos dulces. Tartaleta de fresas con nata en la que la fresa era en forma de sirope y la nada de espuma. Buenísima. Nos hubieramos comido 20 de esas. Y por ultimo, titulado “rayando lo imposible”, un canutillo de crema delicioso al cual le tienes que rayar de una piedra (de azucar solidificado) su propio azucar glasé. Otra sorpresa graciosa, y ambos dulces estaban deliciosos!




Los petit fours con los cafés vinieron en una presentación majestuosa, en forma de 7 pecados capitales, y teníamos que ir adivinando que pecado se correspondía a cada bombón. Adivináis cual nos gustó más?




Para concluir, y no obstante la objeción mostrada en los postres, Mugaritz fue una de las experiencias más increíbles que hemos vivido, dentro y fuera de un restaurante. Fue un juego comer su menú, por este motivo nos gustaría concluir afirmando que nos lo pasamos como niños. Animamos a todo amante de la cocina contemporánea que planee una visita allí, vale mucho la pena.


Restaurante Mugaritz
Aldura Aldea 20
20100 Errenteria (Guipúzcoa)
Telf: 943 52 24 55

Precio: 220 euros por persona (vino incluido)



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dijous, 28 d’agost del 2014

Oliver Glowig: Estrellas Michelin de Roma elaboradas con algo más que Pasta.

Hemos aprovechado nuestro viaje vacacional para visitar una de las joyas gastronómicas de Roma: Oliver Glowig. Este es un restaurante que para muchos de vosotros será completamente desconocido, la cual cosa no es habitual entre nuestros lectores. Esta vez os invitamos a conocer un restaurante situado en el jardín del Aldrovandi Hotel, en la prestigiosa Villa Borghese de Roma. Oliver Glowig, a la vez que es el nombre del restaurante es también el nombre de su chef. Éste, de origen alemán brilla por la precisión y la eficacia con la que trabaja el producto. Su cocina es principalmente mediterránea, pero como no, no se olvida del producto nacional del país, la pasta. Su servicio es excelente, y la elegancia del restaurante roza la perfección. Por todos estos motivos esta galardonado con dos estrellas Michelin.


El menú es sencillo, aparentemente más breve y sencillo que el habitual en los restaurantes estrellados españoles en los que se tiende a encontrar unos aproximadamente 10 platos, salvando las excepciones. En Oliver Glowig nos sirvieron 5 platos, con entrantes y postre. La clave del asunto es que los platos son más “consistentes” con más de 3 cucharadas, aspecto difícilmente apreciable en los restaurantes morro exquisito de España.

Empezamos la noche con unos entrantes que consistían en una mini hamburguesa de carne de waygu, una bruschetta de jamón y una “croqueta” de erizo de mar. A continuación y también como entrante nos sirvieron una ensalada de origen Siciliano que consistía en una mezcla de anchoa, aguacate, y manzana. Fresca y apetitosa para ir haciendo boca para la cena.



El primer plato fue una ensalada fría de fruta y verduras con base de tomate asado. Primera lanza a favor de la cocina mediterránea por parte del chef alemán. Producto crudo o semi-crudo, con un chorrito de aceite. Viva la sencillez.

A continuación nos sirvieron el plato glamuroso de la velada. Base de crema fría de lechuga romana, con ostra, pasta fresca y caviar. También sencillo, pero con mucho componente. Sabroso, arriesgado pero con resultado excelente. Os sorprenderá lo que ahora os diremos, pero nos alucinó la crema fría de lechuga fresca, tenía una textura muy cremosa, a pesar de que de primeras pensamos que sería mucho más líquida y menos sabrosa. Brutal.



Era hora de platos más consistentes. Tortellini de bacalao con espuma de tomate, aceite y oliva deshidratada. Quizá este fue el plato que nos pareció más flojo. No por la intención, sino por la ejecución. La pasta con el bacalao era buena idea, pero el bacalao estaba seco y un punto salado, quizá hubiera sido mejor idea cocer el bacalao para hacer el relleno. La espuma y la aceituna a la altura de nuestras expectativas.



Quedaban los dos principales, pescado y carne. Rodaballo y pichón. El pescado perfecto, al horno, con una base de crema de apio, guisantes y trufa. Y por otro lado, el pichón estaba espectacular. No somos muy fans de las aves, pero esta vez nos encantó. Con foie y acompañado de una crema de cebolla. Genial.



De postres, un mundo. Nos trajeron de todo. Empezaron con un sorbete de tomate con aceite y gelatina de estrágalo. Fresco y digestivo. A continuación, una tarta de chocolate que combinaba distintas texturas y temperaturas. Y a continuación los mil y un petit fours. Acompañamos foto porque en caso contrario no acabaríamos de explicarlos.






Para nosotros era la primera experiencia en un restaurante con estrellas Michelin internacional, y de lo que salimos realmente sorprendidos fue de la diferencia en el estilo. Si es verdad que se sigue un mismo patrón de calidad, de cuidado y mimo del producto, pero el estilo fue completamente distinto. La verdad es que fue una gran experiencia.

Oliver Glowig
Via Ulisse Aldrovandi, 15
Roma
info@oliverglowig.com

Precio: 200 euros por persona (vino incluido)



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dilluns, 4 d’agost del 2014

La Cuina d'en Garriga: Calidad y calidez como en casa.

La semana pasada fuimos a comer a La Cuina d’en Garriga” un restaurante – colmado situado en el centro de Barcelona, al lado de Passeig de Gràcia. La esencia de este restaurante es la materia prima, de primerísima calidad, la sensación de estar en casa y lo extremadamente bien decorado que está el local. No es difícil conseguir mesa, lo que es difícil es salir con sensación de no haber comido bien. La carta es corta, de las que nos gustan, pocas cosas pero bien hechas, y además siempre disponen de 3 o 4 platos del día. La cocina de mercado se está poniendo de moda, y con restaurantes como Casa Palet, La Cuina d’en Garriga, etc…queremos que sigan de moda durante mucho tiempo. Bien, entremos a lo que nos interesa, a comer!

La Cuina d'en Garriga



Como entrantes podemos elegir desde ensaladas a huevos estrellados, que por cierto, son un “must” en La Cuina d’en Garriga. Platos típicos y sencillos. Nosotros, al ver la cantidad de huevos estrellados que salían de cocina, no pudimos ser menos. De hecho preguntamos, y efectivamente, es lo que más sale. Se pueden tomar solos, con jamón, foie, chorizo, sobrasada…. los tomamos con butifarra del perol. Fácil y a la vez deliciosos.



Los platos principales también brillan por su tradición. Desde macarrones, hasta roastbeef, pasando por un salmón al pappillotte (que no probamos pero nos han comentado que es el estrella). Nosotros comimos uno de los platos del día: pulpo a la brasa con base de berenjena al horno que estaba espectacular. Básico, pero sublime. Por otro lado también comimos el secreto de ibérico. Crujiente por fuera y tierno por dentro, muy sabroso. Bajo nuestro punto de vista, el mejor de la comida. Salvando los postres, que estaban de muerte.



Tomamos dos pedazos de tarta. De queso y de limón. Caseras, caserísimas. Deliciosas. Aunque si no os apetece la tarta, también podéis tomar recuit de fonteta, crema de yogur y alguna que otra delicia de chocolate también tenían. Para los no amantes de la repostería veréis que justo en la entrada del restaurante, dónde la parte del colmado disponen de venta de fruta que huele de maravilla y tiene un pintón. De hecho, somos compradores habituales de tomates para nuestro Pà amb Tomaquet en casa para nuestras cenas no tan exquisitas.




En fin, no hace falta tener excusa de celebrar algo para ir a comer al nivel como lo harías en casa de tu abuela, eso sí el interiorismo del restaurante no tiene nada que ver con las cortinas de franela, ni tienen cu-cut colgado en la pared. Disfrutadlo!


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dijous, 17 de juliol del 2014

Dos Cielos: Un cielo al que fácilmente le cabría otra estrella.

Ayer tocamos el cielo. Casi de manera literal. Situado en el piso 24 del Hotel Me by Meliá de Barcelona se encuentra situado el restaurante de los Hermanos Torres, el Dos Cielos. Sergi y Javier Torres ya hace años que trabajan juntos en Dos Cielos, pero su currículo anterior ya brillaba por separado. Uno, jefe de cocina de Can Fabes (Sant Celoni), el otro, brillando en los mejores restaurantes de París. La joint venture familiar que estos dos hermanos han creado en Barcelona tenía que salir bien por narices. Y como era de esperar, con trabajo y esfuerzo hasta salen por televisión ahora…dos fenómenos.

La velada empieza siempre por la cocina en Dos Cielos. Era la segunda vez que visitábamos el restaurante, y en ambas ocasiones hemos entrado por la cocina. Detalle muy auténtico y que todo comensal siempre agradece. Todo impecable, equipo de trabajo a toque de corneta y los Hermanos Torres que liderando el equipo, se permiten el lujo de parar un momento para estrecharte la mano y desearte que disfrutes de la experiencia. El servicio, nos mostró el comedor y nos ubicó en nuestra mesa situada en la terraza. Unas vistas y una atmósfera espectacular nos acompañaron durante toda la cena.



La cena fue propia y a la altura de la estrella Michelin que poseen. De hecho, uno de los temas que comentamos durante la cena es que, en lo que a comida se refiere, quizás merecen más que una sola estrella. Nos recordó bastante a ABaC, y recordemos que en nuestro última visita allí (link ABaC) discutíamos si las dos estrellas que tienen podrían ser tres. Existe una diferencia importante entre ambos, y creemos que los señores de Michelin le dan mucha importancia: la ubicación y las instalaciones. ABaC en sí es un hotel, de superlujo, y situado en Sant Gervasi. Por lo contrario, Dos Cielos está dentro de un hotel ubicado casi tocando al Forum. No tenemos dudas de que aquella zona acabará explotando y este restaurante liderará dicha explosión, pero hasta el momento están limitados a una estrella Michelin.

Entremos a lo importante, no dudamos ni un segundo en qué teníamos que tomar. En este tipo de restaurantes te tienes que meter de lleno al menú degustación. Previo a elegir eso, para acabarnos de convencer, nos sacaron dos aperitivos. Primer aperitivo, símil de tomate de la huerta, pero confitado y rellendo de un pescado macerado similar a una sardina, la arena del tiesto también comestible era maíz tostado con malta. El segundo aperitivo eran unos snacks de un símil de batata brasileña con un cremoso interior de gusto parecido al wasabi pero sin la vuelta picante de éste.


El menú consistió en 7 platos y 2 postres. Para empezar, consomé de ave, almendras de leche y cecina y a continuación granizado de tomate, olivas y ahumados de río. Ambos platos muy contemporáneos. Clara muestra de cocina moderna. El consomé en forma de gelatina, y en segundo lugar la sopa de tomate y aceite de oliva granizada. En paralelo a esto, un mundo de pequeños detalles. Las almendras de leche eran espectaculares, una fina capa de leche recubriendo una almendra fresca, los ahumados de río del granizado tenían mil sabores…en fin, empezábamos con fuerza la cena.



A continuación nos sirvieron una ensalada fría de garbanzos verdes con humus. Los garbanzos verdes son totalmente atípicos, no los dejan madurar por eso ese color, y el humus tenía un sabor cítrico, a lima. Combinación perfecta. Después de este nos sacaron una crema de ajonegro de las pedroñeras. El ajonegro es el resultado de tener el ajo durante 40 días a 40 grados, éste fermenta y pierde todos los componentes picantes y duros de este producto. El resultado, una crema con unas especies y aromas florales deliciosa.


Ya habíamos acabado con los “starters”, íbamos camino a lo bueno. Carabinero a la plancha, en su jugo y con cilantro. Este plato tiene un ritual para comérselo. Al venir de comer el ajonegro, había un suave regusto que se mantenía en nuestras bocas, por este motivo (y como está todo pensado) nos indicaron que antes de empezar con el carabinero, debíamos comernos una bolita verde que acompañaba el plato. Esta composición verde tenia un efecto limpieza de sabores en boca que permitía poder volver a empezar. Nos comimos el carabinero como si fuera el primer plato del menú. Excelente.



Y ya solamente nos quedaban dos platos. Pescado y carne. El pescado fue un Santpere meunière con unas perlas de almendra. El Santpere es un pescado blanco suave, similar de gusto al lenguado que estaba perfectamente elaborado. Por último tomamos una espaldita de cabrito que como no podía ser menos, estaba súper tierna y jugosa. No podía haber mejor manera de acabar con la cena.



Los postres: pre-postre salvaje y postre principal con inspiración a copazo. El pre-postre era un postre basado en los frutos rojos silvestres. Bizcocho de frutos rojos desmenuzado que hacía de base terránea para acompañar un sorbete delicioso de frambuesa y los frutos silvestres. Muy original. Por último, el postre por excelencia Gin-Tonic. Mezcla elaborada de mil maneras de los componentes que lleva el copazo. Gelatina de tónica, sorbete de lima, bizcocho de ginebra con azúcar, acompañado de un baso de tónica con cardamomo y pepino. Curioso modo de tomarse el digestivo. La verdad es que nos pareció súper original. Un 10!



En definitiva, la experiencia es más que recomendable. No hace falta ponerles más méritos de los que ya les hemos echado. Nuestra opinión es que como sigan trabajando así Dos Cielos pronto tendrá la segunda estrella Michelin.

Dos Cielos
Carrer Pere IV, 272-286 
08005 Barcelona
www.doscielos.com

Precio por persona 130 euros (vino incluído)



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